La resurrección y la vida

Entonces Jesús les dijo: Yo Soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto? Juan 11.25-26

Jesucristo acabara de llegar a casa de Marta y María por ocasión de la muerte de su hermano Lázaro para llevarle el consuelo de su presencia y sus palabras. En el contexto de la muerte de Lázaro, Cristo se les presenta con las palabras "Yo Soy la resurrección y la vida", asumiendo sobre sí mismo tanto la resurrección en el día final como la realidad de la vida eterna. Ambas realidades, resurrección final y vida eterna, solo se concretan por intermedio de su propia obra redentora en la vida de los que creen en él.

La muerte física, aunque sea una realidad para todos nosotros, no será lo suficientemente fuerte para impedirnos de heredar la vida eterna. Los que creemos en Cristo seguiremos viviendo eternamente al lado de Dios porque fuimos alcanzados por la eficacia salvadora del sacrificio de Jesucristo. En ese sentido, ya no hay que temer la muerte, ni pensar que se trata del punto final de la existencia humana. La muerte pierde su terrible significado ante la presencia de la vida eterna. Por eso, creer en Cristo es vida y la vida vence la muerte.

Pero la pregunta hecha por Cristo a Marta cobra también su sentido más profundo en nuestras propias vidas: ¿Crees esto? La respuesta de Marta ha sido positiva, ella había depositado toda su fe en la persona y en la obra de Cristo y la resurrección de Lázaro se convierte en una señal, para ella y para todos nosotros, de la realidad ya presente de la vida eterna por Cristo Jesús. Pero la misma pregunta sigue en abierto para cada uno de nosotros, ¿creemos en Cristo para la vida eterna?

Esperamos que la respuesta a esta pregunta nos lleve a los pies de Cristo en humilde entrega de nuestro ser por la fe.