La luz del mundo

Una vez más Jesús se dirigió a la gente, y les dijo: Yo Soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida Juan 8.12

"Luz" es una palabra con un importante sentido y uso en la Biblia. Desde el Antiguo Testamento los creyentes entonan el salmo que dice "el Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?" (Sl 27.1), y reconocen con gratitud que "tu palabra es una lámpara a mis pies, es una luz en mi sendero" (Sl 119.105). Al siervo del Señor, una referencia a Jesús el Mesías, le dice Dios: "yo te pongo ahora como luz para las naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra" (Is 49.6). En el evangelio de Juan la luz tiene también un importante significado: "Juan no era la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz. Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo", refiriéndose claramente a Jesucristo.

Cristo se presenta como la luz del mundo que nos trae la vida. Ya no se trata meramente de la luz como uno de los componentes físicos del universo; más bien, como una descripción activa e salvadora de Jesucristo de sacarnos de andar comprometidos con las tinieblas a una vida con Dios. En ese sentido, Cristo, como la luz del mundo, tiene vida en sí mismo y transmite a sus discípulos esa vida que es eterna. Por eso, solo por Cristo podemos llegar a recibir y a comprender la naturaleza, el significado y el propósito de la obra de Dios entre los seres humanos. Busquemos en Cristo la verdadera luz que nos aparta definitivamente de las tinieblas y nos guía por los caminos de vida con Dios.