El pan de vida

Yo soy el pan de vida, declaró Jesús. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed Juan 6.35

Tras Cristo multiplicar panes y alimentar a la muchedumbre (6.1-14), aquellas personas le seguían porque querían comer más (6.25-31). Se preocupaban solo con el alimento material y físico y no comprendían que "el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo" (6.33). Por eso, Cristo se les presenta como "el pan de vida". Si con el pan material saciamos nuestra hambre por unas horas y luego volvemos a tener hambre otra vez, ya con Cristo que es el pan celestial la necesidad (hambre y sed) humana de Dios estará eternamente saciada.

Ser alimentados por la vida y por la obra de Cristo es el camino que nos aleja del antiguo hambre causada por la ausencia de Dios en nuestro ser y que nos mantiene saciados y permanentemente al lado de Dios. En ese sentido, la fe es una experiencia concreta de vida, en la que creemos en Cristo y estamos con él, no por la comida material de cada día, sino que por su presencia personal que nos llena de vida y nos lleva a Dios.

Vivir con Cristo es vivir una vida saciada que camina hacia la plenitud. Por tanto, como cristianos no nos acercamos a Cristo porque esperamos que nos colme de bendiciones materiales, como lo esperaban las personas mencionadas en el texto. Más bien, como cristianos recibimos la vida eterna que solo Cristo nos la puede conceder. Él es nuestro único "pan de vida", ¡entreguémosle nuestro corazón con sinceridad!