El buen Pastor

Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. El asalariado no es el pastor, y a él no le pertenecen las ovejas. Cuando ve que el lobo se acerca, abandona las ovejas y huye; entonces, el lobo ataca al rebaño y lo dispersa. Y este hombre huye porque, siendo asalariado, no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí Juan 10.11-14

En los versos anteriores Cristo se nos presentó como "la puerta de las ovejas" (10.7), ahora lo conocemos como "el buen pastor" de las ovejas. Es muy importante darnos cuenta de la relación que Cristo mantiene con su pueblo cuando lo vemos desde la perspectiva de estos títulos. Para comprender mejor la persona de Cristo tenemos que observar algunos elementos que los encontramos en este texto.

Cristo es el "buen pastor". No se trata de un pastor corriente que hace su trabajo de cuidar a las ovejas y luego se va a su casa, como el asalariado mencionado en el texto. Más bien, como "buen" pastor, Cristo se identifica como el único pastor ideal y genuino, cuyo su obra de pastoreo tiene sus raíces en la eternidad misma de Dios. Por tanto, su obra está cualificada por el Padre y es eficaz en vida de sus ovejas.

"El buen pastor da su vida por las ovejas". Dio su vida porque eso era para lo que vino. No vino para dar un buen ejemplo ético a la humanidad, mucho menos para crear una religión nueva en el mundo. El objetivo de su venida ha sido el de ofrecerse voluntariamente como sacrificio eficaz por sus ovejas, en línea con la voluntad eterna y redentora del Padre, como lo leemos en Hebreos 13.20: "el Dios que da la paz levantó de entre los muertos al gran Pastor de las ovejas, a nuestro Señor Jesús, por la sangre del pacto eterno".

La entrega voluntaria y sacrificial de su vida tuvo, por tanto, como objetivo la salvación de su pueblo. Aprendemos algo muy importante sobre la muerte de Cristo: esta ha sido la única forma eficaz para que el pastor ejerciera su buen ministerio a favor de los seres humanos. Solo por su intermedio es que llegamos a Dios y, así siendo, nos vemos exhortados a buscarle sincera, humilde y entregadamente.