Introducción

El Señor os dio a conocer su pacto, los Diez Mandamientos, los cuales escribió en dos tablas de piedra y os ordenó que los pusierais en práctica Dt 4.13

Cuando nos proponemos a estudiar a los Diez Mandamientos necesitamos, en primer lugar, comprender que los mandamientos tienen una razón de ser. En primer lugar, a los israelitas de los días de Moisés, los Mandamientos tenían el objetivo de llevarlos a una relación renovada con el prójimo y con Dios en la nueva tierra que iban a habitar tras cruzar el Jordán. En ese contexto, los Mandamientos sirvieron para alertarlos de la idolatría y conducirlos a una vida de obediencia a Dios.

Pero los Diez Mandamientos no fueron escritos solo para los israelitas de los tiempos de Moisés, sino que componen, a lo largo de toda la historia humana, el fundamento de nuestra relación con las demás personas y con Dios, como lo veremos paso a paso. En ese sentido, los Diez Mandamientos resumen el pacto redentor hecho por Dios, que años más tarde ha sido consumado plenamente por Cristo.

El pacto y la redención de Dios nos lleva a un compromiso de por vida: “y os ordenó que los pusierais en práctica”. Vivir conforme a los Mandamientos es vivir conforme a la voluntad redentora de Dios. Por tanto, los Mandamientos no pueden ser visto como si fueran un capricho de Dios; más bien, se tratan de una propuesta de vida que nos ofrece Dios, puesto que en sí mismos resumen la propia ley moral de Dios. En ellos encontramos los caminos de Dios para nuestra vida común, y para nuestra relación con los demás y con el propio Dios.

Al leer los Mandamientos tenemos que comprender su sentido más profundo y buscar los varios significados que puedan tener para nosotros hoy. Se trata de una tarea importante y permanente, que seguramente cambiará nuestros conceptos llevándonos así a un comportamiento sano y más cercano a Dios. Os invito a todos a que, semana tras semana, podamos juntos meditar en las riquezas de los Diez Mandamientos.