El sexto mandamiento

No mates Dt 5.17; Ex 20.13

El sexto mandamiento tiene que ver con la preservación y con la opción declarada por la vida humana. De forma positiva, el mandamiento requiere de nosotros que hagamos todos los esfuerzos posibles y lícitos para preservar nuestra vida, como la de los demás. Pero si lo miramos desde el prisma de lo que nos prohíbe, el mandamiento prohíbe el destruir nuestra propia vida y quitar injustamente la de nuestro prójimo, así como también todo lo que tiende a este resultado.

Estamos ante un mandamiento que nos lleva a repensar nuestros conceptos acerca del valor de la vida humana y de lo que nos toca a hacer, como cristianos y seguidores de la palabra de Dios, en pro de la vida y de la dignidad con que viven las personas. La formación, por tanto, de nuevos conceptos generados a la luz del sexto mandamiento, formatea y define con claridad los contornos que deben asumir las relaciones personales, familiares y sociales, conduciéndonos a una constante y ampliada renovación de la forma como vemos, comprendemos y nos relacionamos con otras personas. Además, se trata de un mandamiento que nos hace tomar el partido de los que tienen su vida y su seguridad amenazada por la injusticia y por la impiedad establecida entre las sociedades humanas: “salvad al menesteroso y al necesitado, libraos de la mano de los impíos” (Sl 82.4).

Como siervos de Dios tenemos que aprender con el sexto mandamiento la sublime importancia que la vida humana asume ante Dios, nuestra responsable opción por la vida. Los cristianos nos dedicamos a la vida y la celebramos, puesto que ha sido conquistada definitivamente por Jesucristo. Él nos ha dado la vida eterna en abundancia y, en respuesta a la vida de Cristo implantada en nosotros, nos consagramos a defender y a promocionar a la vida; nos consagramos a difundir, con hechos y palabras, la vida eterna dada únicamente por Cristo. ¡Caminemos al lado de la vida!