El noveno mandamiento

No des falso testimonio en contra de tu prójimo Dt 5.20; Ex 20.16

La mentira es uno de los vicios más extendidos en la vida humana porque siempre buscamos presentar a otros una imagen nuestra que les impresiona o que les convenza de algo a nuestro favor. La mentira es una de las demostraciones más visibles del egoísmo humano y su consecuente desprecio hacia a los demás. El noveno mandamiento, por tanto, requiere de nosotros inicialmente un compromiso con la verdad en cuanto a nosotros mismos. Mantener y promover la verdad sobre uno mismo y sobre los demás nos trae verdadera paz y reconciliación entre todos: “lo que vosotros debéis hacer es hablar verazmente, y juzgar en vuestros tribunales con verdad y justicia. ¡Eso trae la paz!” (Zacarias 8.16).

De esa manera debemos evitar todo lo que sea perjudicial para la verdad o injurioso para nuestro buen nombre o el de nuestro prójimo. Hablar y vivir la verdad es una forma de anunciar a otros el verdadero sentido y la verdadera presencia del evangelio en nuestra vida; o sea, es una forma de comunicar el mensaje de la gracia redentora de Dios. Lo contrario de eso es lo que se puede leer en Romanos 3.13 cuanto a una de las manifestaciones básicas del pecado humano: su garganta es un sepulcro abierto, con su lengua profieren engaños. ¡Veneno de víbora hay en sus labios!”.

Nuestro compromiso con la verdad va más allá del contenido y forma de nuestras palabras. Se trata de un compromiso que abarca a toda nuestra vida, forma de pensar y reaccionar. Es un compromiso de vida que se edifica sobre los cimientos da la palabra de Dios e inunda cada sector de nuestras vidas. Vivir la verdad es vivir los principios de la palabra de Dios y comunicarlos a otros.

Entre los muchos que han vivido y los que todavía siguen viviendo la verdad de Dios, hay uno que ha sido mencionado para ejemplo e inspiración nuestra: “en cuanto a Demetrio, todos dan buen testimonio de él, incluso la verdad misma. También nosotros lo recomendamos, y bien sabes que nuestro testimonio es verdadero” (3 Jn 13).