Dos partes

No tengas otros dioses… Honra a tu padre y a tu madre... Dt 5.7, 16

Los dos textos mencionados parcialmente arriba se refieren al primero y al quinto mandamientos. Son dos mandamientos importantes en la estructura de los Diez Mandamientos porque marcan el fundamento de nuestra relación con Dios y con las demás personas.

Con eso quiero decir que los Diez Mandamientos están divididos en dos partes: la primera es nuestra relación con Dios, y la segunda, nuestra relación con los demás. Ambas se completan y forman un conjunto integrado que ha sido resumido por Jesucristo en Mt 22.36-40: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley? Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente – le respondió Jesús –. Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: Ama a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”.

La primera parte de los Diez Mandamientos tiene que ver con nuestra relación con Dios (Dt 5.7-15), o sea, los cuatro primeros mandamientos. En estos cuatro mandamientos (no tener otros dioses, no hacer ídolos, no pronunciar en vano el nombre de Dios y observar el sábado) lo que se prescribe y lo que se prohíbe son conceptos que conllevan conductas relativos a nuestra relación con Dios. Dios es nuestro único Dios y debemos honrarle y amarle con toda nuestra vida y fuerzas.

La segunda parte de los Mandamientos trata de nuestra relación con las demás personas o con la vida en sociedad (Dt 5.16-21). Son los seis últimos mandamientos (honrar a los padres, no matar, no adulterar, no robar, no dar falso testimonio, no codiciar). Estos mandamientos, en verdad, reflejan nuestro amor y compromiso con Dios en la forma como nos relacionamos en sociedad. O sea, nuestra vida con Dios exige de nosotros una ética derivada de la fe viva y verdadera en Dios; es fruto, por tanto, de su gracia y de su redención.

El resumen hecho por Cristo es de lo más bonito e completo. Amar a Dios y, en consecuencia, amar al prójimo se convierte en la clave para que podamos interpretar correctamente y comprender de forma amplia los Diez Mandamientos, aplicándolos adecuadamente a nuestros días y contextos. Para tanto, esperamos, en las próximas semanas, seguir meditando en los mandamientos.

¿Dios nos bendiga a todos!