Perseguidos por servir a Cristo

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos seréis cuando por mi causa la gente os insulte, os persiga y levante contra vosotros toda clase de calumnias. Alegraos y llenaos de júbilo, porque os espera una gran recompensa en los cielos. Así también persiguieron a los profetas que os precedieron Mateo 5.10-11

En un primer momento la persecución y las calumnias no nos parecen motivos de júbilo y alegría, pues nos sentimos muy mal cuando personas nos insultan o cuando situaciones nos presionan. Pero, por la palabra de Dios aprendemos que los discípulos de Cristo sufren calumnias simplemente por sustentar los principios divinos de la verdad, justicia y pureza, negándose ajustarse al paganismo y a sus valores. ¡Por eso Cristo los considera bienaventurados!

Nos alegramos en las persecuciones porque nos demuestran claramente que seguimos la línea sucesoria de los siervos de Cristo en toda la historia, puesto que “así también persiguieron a los profetas que os precedieron”. Estas palabras de Cristo no ponen a sus discípulos en la misma categoría de los profetas antiguos, más bien los ponen, con Cristo mismo, en la línea de los que por servir a Dios reciben la hostilidad del mundo sin Dios. Se les considera bienaventurados porque pertenecen a Dios y a su reino, y porque les espera una gran recompensa que va mucho más allá del servicio prestado a su Dios.

Importante es la secuencia del texto en los versos 13 al 16: el hecho de que los discípulos de Cristo se mantengan firmes en la justicia del reino de Dios, aunque por eso sean insultados y perseguidos, supone que sean la sal de la tierra y la luz del mundo. Eso quiere decir que el servicio a Cristo basado en la justicia del reino de Dios tiene una poderosa y necesaria dimensión misionera y evangelizadora. ¡Sigamos firmes en el camino de Cristo, aunque nos calumnien por nuestra fe!