La justicia saciada

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados Mateo 5.6

Buscar la justicia, especialmente cuando se trata de la justicia promovida por Dios, debe asumir la dimensión de “hambre y sed” en la vida de cada cristiano. Esa búsqueda se da como resultado de la experiencia de haber sido alcanzado por la gracia de Cristo: reconocer su completa falencia como ser humano ante Dios, lamentar profundamente ese hecho (arrepentimiento) y rendirse humildemente a Dios.

El resultado de ese proceso redentor nos lleva al encuentro de la justicia de Dios y de su acto justificador en Cristo. Estamos justificados de nuestros pecados porque Cristo nos ha imputado su justicia; somos, por tanto, salvos, porque Cristo es el que nos salva por su justicia ante Dios. La promesa de Cristo es que los que han sido justificados por su obra y, en consecuencia, buscan intensamente, con “hambre y sed”, esa justicia en sus vidas y en la de los demás, serán plenamente saciados.

La justicia saciada es una de las bendiciones, o de las bienaventuranzas, que recibimos como parte de la obra redentora de Cristo y de su proceso salvador en nuestras vidas. Así siendo, como justificados por Cristo, podemos dedicarnos a buscar saciada permanentemente los efectos de su justicia en cada dimensión de la vida y a anunciar esa justicia a otras personas. La justicia de Cristo, por tanto, es lo que nos redime y nos sacia por completo. ¡Busquemos cada día, con “hambre y sed” la justicia de Dios!