Introducción a las bienaventuranzas

Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo... Mateo 5.1-2

El Sermón de la Montaña ocupa los capítulos 5, 6 y 7 del Evangelio de Mateo, empezando con el conocido texto de las “bienaventuranzas”. En las bienaventuranzas encontramos principios fundamentales que solidifican la vida cristiana y le dan un sentido profundo para que podamos vivir la fe de manera más plena cada día. No se trata tanto de preceptos éticos o morales que se exigen de nosotros que los cumplamos a la perfección, sino más bien se trata de delinearse mejor los contornos de la fe cristiana para que podamos comprender más profundamente sus significados en la vida humana y, por supuesto, en nuestra propia vida.

Como introducción a las bienaventuranzas encontramos las palabras de los versos 1-2, en las que Jesucristo se aparta un poco de las multitudes para enseñarles a sus discípulos la importancia de una fe que va más allá de los rituales religiosos tradicionales, y que se manifiesta como una experiencia personal ante Dios que transforma la manera como lo vemos y como nos relacionamos con él. Las bienaventuranzas, por tanto, nos sirven de guía para comprender nuestra propia espiritualidad personal, la necesidad que tenemos de andar juntos a Dios y el constante desafío acercarnos a Jesucristo y su palabra a diario.

Por tratarse, como ya lo podemos ver, de un texto denso y lleno de sentido, lo seguiremos semana tras semana, buscando comprender su enseñanza y aplicar a nuestra vida de fe sus distintos significados. Para empezar, nos sentimos desafiados por la actitud de los primeros discípulos que “se le acercaron” deseosos de estar con Cristo, de oír su palabra y de recibir su enseñanza. Deseos como estos deben tornarse concretos y llevarnos a una seria y humilde búsqueda por la presencia de Cristo y su de palabra transformándonos siempre.