Servicio y misión

Ciertamente David, después de servir a su propia generación conforme al propósito de Dios, murió, fue sepultado con sus antepasados, y su cuerpo sufrió la corrupción Hechos 13.36

Sabemos que la vida cristiana se caracteriza por las muchas bendiciones que recibidos de Dios a diario que se manifiestan como perdón, amor, gracia y salvación. Pero, además de recibir bendiciones, los cristianos se dedican a servir a los demás con sus dones como demostración del amor de Dios por todos.

El texto nos muestra que mientras estuvo vivo, el rey David se dedicó a servir a su propia generación conforme al propósito de Dios a su vida y a su generación. Encontramos aquí dos conceptos que se relacionan y se complementan: el servicio y el propósito de Dios. Podemos servir conforme a nuestros propios propósitos personales, buscando así que seamos el centro del servicio cristiano y sobre quienes se supone que deben recibir los loores. Por otro lado, el texto nos muestra que David al servir a su generación, lo hizo buscando la voluntad de Dios y sus objetivos redentores para la humanidad. El protagonismo, por tanto, recae sobre la persona y la obra de Dios. Eso le concede al servicio cristiano un significado más profundo y una eficacia mucho más permanente. Además, por esa perspectiva, el servicio que se presta a los demás en nombre de Dios se convierte para nosotros en bendición.

Servir es, por tanto, el corazón de la misión que recibimos de Cristo, siguiendo su propio ejemplo, como el que vino no para ser servido, sino que para donar su vida en rescate de muchos. ¡Sirvamos como verdaderos misioneros de Cristo en el mundo!