Meditar en la Biblia

Meditar en lo que dice la Biblia es una de las prácticas más importantes en la vida cristiana. Nos conduce hasta la persona y la obra de Dios y “son ellas las que dan testimonio a mi favor” (Jesús – Jn 5.39). Por eso, meditar en la Biblia se considera como práctica fundamental para la formación del ser humano como persona (“no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios Jesús – Mt 4.4

Pero vivimos hoy un gran desafío a los que quieren meditar en la Biblia: la mayoría de las personas ya no consideran relevante ni lo que el texto en si dice, ni las intenciones originales de sus autores humanos, ni mucho menos la intención de su autor divino. Lo que más les importa hoy en día es que prevalezca el “yo”. Eso significa que cada persona, como lector, busca comprender y aplicar intuitivamente las palabras de la Biblia desde su propia realidad personal y siempre hacia sí mismo.

Esa forma de leer y meditar convierte la Biblia en una especie de espejo de lo que somos, puesto que siempre nos encontramos a nosotros mismos en sus páginas, tal y cual lo somos. Eso, desafortunadamente, nos impide de encontrar a Dios, de ver su acción en las historias bíblicas y, por supuesto, de comprender adecuadamente su acción en nuestros días y en nuestras vidas.

Por eso, meditar en la Biblia inicialmente requiere de nosotros una postura de humildad y de descentralización del “yo” para que podamos acercarnos a sus palabras de manera transformadora y ética. Además, es muy importante conocer el contexto histórico, gramatical y literario en que el texto ha sido escrito para que podamos definir lo mejor posible su sentido e intención original. De esa forma, será mucho más fácil y completa nuestra meditación, puesto que podremos encontrar significados pertinentes del mensaje bíblico para nuestras vidas, familias y sociedad.

Meditar en la Biblia es, por lo tanto, una práctica cristiana constante que nos conduce al examen, a la reflexión y a la asimilación. “Guardar la palabra en el corazón es meter una cosa buena en un buen lugar para un buen fin. Muchos tienen la Biblia en la cabeza, o en el bolsillo. Lo que necesitan es tenerla en el corazón”

(D. L. Moody).