La fé

La fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve Hebreos 11.1

Es común pensarse que la fe es un valor meramente humano y que depende de nuestro esfuerzo personal para que se mantenga encendida en nuestra vida. Además, muchos creemos que se trata, más bien, de una especie de fuerza interior que nos hace creer en nosotros mismos y salir adelante cuando las circunstancias nos son desfavorables. Sin embargo, dice el apóstol Pablo que solo el justo podrá vivir por la fe (Rm 1.17) procurando, así, mostrar que la fe es la dadiva de Dios que nos conduce a vivir bajo su justicia producida por medio de Cristo.

¿Cómo, entonces, podemos comprender mejor la fe que recibimos de Dios? Por el texto mencionado arriba, la fe que nos da Dios se define por la garantía del futuro y la certeza del presente. El futuro que nos espera, ya que por la fe vivimos hoy bajo la justificación producida por el sacrificio de Cristo, está plenamente garantizado. No hay, por tanto, que temer lo que nos aguarda, puesto que Dios nos lo garantiza sellándolo con su propia obra. Sabemos que al final de todo seguiremos viviendo al lado de Dios y disfrutando de su presencia eterna.

Pero la fe también nos da la certeza del presente. Si tenemos el futuro garantizado por Dios, la vida presente encuentra su verdadero sentido. Vivimos hoy con la certeza plena de que Dios sigue a nuestro lado paso a paso, en los momentos buenos y tranquilos, como en los momentos de dolor, duda y desilusiones. La vida hoy se vive bajo la guía de la fe, que nos conduce a conocer los caminos de Dios y de buscar su voluntad a diario.

Por la fe vivimos el presente y aguardamos el futuro. Por la fe rendimos toda nuestra vida a Dios y en él encontramos la salvación. ¡Vivamos la fe!