La comunión cristiana

Os recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia de Cencreas. Os pido que la recibáis dignamente en el Señor, como conviene hacerlo entre hermanos en la fe; prestadle toda la ayuda que necesite, porque ella ha ayudado a muchas personas, entre las que me encuentro yo Romanos 16.1-2

La comunión entre los cristianos es una experiencia que se mantiene viva desde los tiempos primeros de la iglesia, como lo podemos ver por la forma como el apóstol Pablo les recomienda la hermana Febe a los cristianos que vivían en Roma. Ella, activa diaconisa de Cencreas que por su don de servir a los demás había prestado ayuda a mucha gente e inclusive a Pablo, ahora necesitaba que cristianos de otra ciudad, sus hermanos por la fe, le prestaran toda la ayuda que necesitaba.

La vida cristiana es siempre muy marcada por la comunión entre todos. La comunión es una gran oportunidad tanto para dar a favor de los demás, como para recibir. Dar es algo que nos resulta más fácil que recibir en muchas circunstancias. Dar nos hace sentir bien, puesto que estamos ayudando de alguna manera; recibir ya nos cuesta mucho más, puesto que nos presenta fragilizados antes los demás.

Sin embargo, dar y recibir compone una de las acciones dinámicas más importantes de la comunión. En ese sentido, la comunión es más que saber cómo se llama y donde vive la otra persona; nos conduce más bien a una relación de hermandad y de compromisos mutuos, de amistad y fraternidad, de cuidar y de ser cuidado. La fe cristiana se vive, por tanto, en comunidad y en comunión entre todos y desde esa experiencia recibimos bendiciones de Dios y ampliamos nuestra comprensión de su voluntad. ¡Crezcamos en la comunión y en la fe!