Conocer la voluntad de Dios-transformación

Para conocer la voluntad de Dios es necesaria la renovación de nuestros conceptos. “Sino sed transformados mediante la renovación de vuestra mente”. Al no conformarnos con los valores que determinan nuestro momento histórico, no nos quedamos neutros o vacíos. Más bien, nuestra mente, conceptos y valores se transforman totalmente por un proceso de renovación. Casi siempre que se habla de renovación se supone una renovación espiritual (subjetiva, interior e individual), pero no hay nada más espiritual y concreto que renovar la forma como pensamos y vemos la vida. Dios sustituye los valores pecaminosos por los valores de su Reino. Eso tiene que ver con un cambio progresivo, pero radical, en nuestra manera de pensar, de comprender las situaciones, de relacionarse con los demás y de actuar ante cualquier situación. Se trata de una mente renovada, se trata de una mente que pasa a funcionar dentro de otros criterios cambiando la forma como vivimos.

Esa transformación tiene que ver con la idea de “metamorfosis” cuando el gusano se transforma en mariposa. ¿De qué estamos hablando? Simplemente que, por la acción renovadora de Dios, pasamos poco a poco a pensar y actuar con la mente (palabra) de Cristo. De forma práctica ¿cómo se modifica nuestra manera de pensar? Para esa metamorfosis recibimos de Dios algunos medios importantes:

a) su Palabra: no podemos pensar que vamos a asimilar nuevos conceptos y valores, y tener una mente renovada sin detenernos paciente, humilde y profundamente en la Biblia;

b) el Espíritu Santo: de igual forma no podemos pensar que lograremos una transformación radical de nuestra forma de pensar y actuar contando exclusivamente con nuestro empeño personal y con nuestra fuerza de voluntad humana. El Espíritu Santo es quien nos capacita a entender a Biblia, y efectivamente transforma nuestro ser;

c) la comunidad cristiana: la iglesia es un medio fundamental que Dios se utiliza para llevarnos a un constante proceso de transformación, puesto que nos instruye y proporciona condiciones para vivir la vida, cada día, en proceso permanente de transformación.

Concluye el apóstol: “Así podréis comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”. Comprobar y experimentar la voluntad de Dios supone que antes la vamos a conocer, pero se trata de algo más que solo conocer. Se trata de conocer para experimentar, saber para vivir, comprobar para comprometerse. Por eso, la voluntad de Dios no es teórica, debe de ser vivida en todas las dimensiones de la vida común. Es buena según los propósitos de Dios y se ajusta al proyecto de vida que Dios propone a los seres humanos. Es agradable no porque se destina a producir placer, sino por darnos la satisfacción de vivir para aquello que fuimos creados. Es perfecta porque no hay nada mejor que vivir la voluntad de Dios en cada y en todas las dimensiones y situaciones de nuestra existencia. Que Dios nos bendiga e nos ayude a caminar según su voluntad.