Obra de justicia

Cuidaos de no hacer vuestras obras de justicia delante de la gente para llamar la atención. Si actuáis así, vuestro Padre que está en el cielo no os dará ninguna recompensa Mateo 6.1

Si queremos comprender mejor el sentido y la práctica de la oración que nos enseño Cristo, es preciso empezar por el contexto en que está inserido el “Padre Nuestro”. Jesucristo nos ayuda a comprender, en la práctica, que quiso decir con las palabras “porque os digo que no entraréis en el reino de los cielos a menos que vuestra justicia supere a la de los fariseos y de los maestros de la ley” (Mateo 5.20). En el texto (6.1-18), Cristo nos muestra que el legalismo y los escrúpulos religiosos de los judíos lo debemos sustituir por una actitud de verdadera piedad ante Dios.

Para los judíos de entonces había tres expresiones principales de piedad y religiosidad: la limosna (6.2-4), la oración (6.5-15) y el ayuno (6.16-18). En sí mismas estas prácticas no son malas, pero los judíos las deturpaban con el objetivo de hacerlas “delante de la gente para llamar la atención” (6.1) y ser alabados por su supuesta piedad o espiritualidad. En ese sentido, los judíos al dar sus limosnas lo anunciaban “al son de trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje” (6.2); al hacer sus oraciones “les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea” (6.5); y al ayunar “ponen cara triste y demudan sus rostros para mostrar que están ayunando” (6.16).

La enseñanza de Cristo rescata el verdadero objetivo, sentido y práctica de la espiritualidad. El principio que nos enseña claramente en el texto es que las “obras de justicia” (espiritualidad y piedad) deben ser practicadas sin ostentación y sin ningún deseo de ser alabado por la gente y, además, son características de los cristianos en todas las épocas de la historia y en todos los lugares del mundo. La verdadera piedad, por tanto, pon en manifiesto nuestra relación con Dios, y Cristo insiste en que el corazón de la piedad es una profunda sinceridad para con Dios expresada por actitudes y obras de justicias. En ese sentido, nos ocuparemos específicamente del tema de la oración, puesto que se trata de una de las obras de justicia mencionadas por Cristo (6.5.15) y de profundo significado para los cristianos.