Nuestro padre celestial

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre Mateo 6.9

Al llamar Dios simplemente de “Padre”, Cristo empieza su oración-modelo rompiendo con el formalismo y el ritualismo religioso que había en el judaísmo y demás religiones de sus días. “Padre” es una designación familiar y cercana, que nos inspira confianza, cuidado y amor. Dios el Padre “está en el cielo” lo que no indica su distancia de nosotros; más bien, confirma que el Padre es, de hecho, Dios. En su oración Cristo nos enseña que Dios es “nuestro” Padre.

En ese sentido, es muy bonito reconocer que la oración quedó conocida como el “Padre Nuestro”, no solo por ser las primeras palabras de la oración, sino que principalmente porque oramos reconociendo que tenemos un Padre celestial, que está con nosotros y que se trata del propio Dios en persona. Además, “Padre nuestro” nos ayuda a entender que Dios no es solo mi padre, sino que de toda la comunidad de creyentes en Cristo. Se trata de una oración comunitaria y litúrgica, que la oramos como familia de la fe.

El acceso a Dios está, por tanto, abierto a todos los que creen en Cristo y podemos dirigirnos directamente a nuestro padre celestial con confianza porque nos oye atenta y cuidadosamente. Eso no quiere decir que no tenemos que reconocerle como verdaderamente lo es; más bien, conociendo a Dios como padre cercano y cuidadoso, le reconocemos como santo y santificado. Eso significa que al orar a nuestro Padre con confianza, lo hacemos con una actitud propia de los hijos de Dios: confiamos en Dios porque sabemos que su santidad es absoluta e infinita, y que por ser el propio Dios todo poderoso nos ha abierto el camino hacia la salvación y a la relación filial con él.