La voluntad de Dios

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo Mateo 6.10

Al orar ¿Qué es lo que de hecho más nos interesa? ¿Qué deseamos y pedimos que ocurra? ¿La voluntad de Dios o la nuestra? Muchas veces nos cuesta entender que nuestros deseos personales no coinciden, necesariamente, con la voluntad de Dios. Aprendemos con Cristo a orar pidiéndole a Dios que su voluntad se realice perfectamente en la tierra y, por supuesto, también en nuestras vidas, lo que nos introduce en la experiencia constante del discipulado que transforme la vida a la luz de la palabra de Dios.

Eso nos indica claramente que la vida del que ora y le pide a Dios que cumpla plenamente con su voluntad, no es una vida de aquiescencia pasiva. Más bien, se trata de una persona que vive y se identifica activamente con la voluntad y con la obra de Dios en el mundo. Si oramos buscando la realización de la voluntad de Dios, obviamente vivimos por ese Dios y para ver su obra cumplida plenamente en la vida humana.

En ese sentido, en el Padre Nuestro, Cristo nos enseña a orar pidiendo que la voluntad de Dios, al igual que la santificación de su nombre y el establecimiento pleno de su reinado, se haga en la tierra con la misma perfección con la que se hace en el cielo. Eso nos compromete activa y vocacionalmente con la realización de la obra de Dios en el mundo de los seres humanos. El foco principal de la oración, por tanto, no somos nosotros sino Dios. ¡Orar es comprometerse plenamente con Dios!