El reinado de Dios

Venga tu reino Mateo 6.10

Para muchos el reino de Dios es una realidad puramente futura, pero Cristo nos enseña a orar por la venida del reino de Dios a nuestro momento presente que exige de nosotros arrepentimiento y verdadera fe (“arrepentíos porque el reino de los cielos está cerca” – Mt 3.2). El reino de Dios es uno de los temas centrales en el ministerio de Jesucristo, como lo vemos en Mc 1.14-15: “Jesús se fue a Galilea a anunciar las buenas nuevas de Dios. Se ha cumplido el tiempo – decía – el reino de Dios está cerca. ¡Arrepentíos y creed las buenas nuevas!”

El reino de Dios está, de hecho, presente en el mundo, pero su plenitud futura todavía la aguardamos por fe. Al orar “venga tu reino”, le pedimos a Dios que su voluntad y obra se establezcan más firmemente en la iglesia y en el mundo. Le pedimos, también, que aumente en nosotros la firme esperanza de la segunda venida de Cristo, cuando el juicio final y el destino eterno se establecerán definitivamente.

Sin embargo, hay algo más que debe llamar nuestra atención sobre el reino y el reinado soberano de Dios sobre todos y sobre todas las cosas: es Dios el que nos trae el reino y no nosotros que lo hacemos o traemos al mundo; Dios es el rey soberano de su reino, no nosotros. ¡La obra es toda suya! Pero eso no significa que nos quedamos pasivamente aguardando la acción de Dios; más bien, al pedir que su reino venga, estamos pidiendo que venga sobre todas las dimensiones de vida del mundo, incluso sobre nosotros mismos. Por eso, el arrepentimiento y la fe deben brotar en nuestro ser cuando se nos acerca el Dios que reina soberano. La llegada del reino de Dios a nuestra vida nos conduce de la pasividad ante Dios a una activa obediencia y búsqueda de la santidad que hay en su nombre (“santificado sea tu nombre”). El reinado de Dios nos mueve en santificación y nos hace tomar las decisiones pertinentes a la vida de arrepentimiento y de fe en Cristo.