Una historia de fe

¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros Hebreos 11.32-34

El autor empieza con una pregunta retórica “¿Qué más voy a decir?”, sugiriendo que los ejemplos de fe mencionados hasta ahora son lo suficientemente impresionante por demostrarnos distintos matices de la verdadera fe y para incentivarnos a crecer en esa fe. Es interesante observar que los hermanos mencionados hasta aquí eran ejemplos de fe del período más temprano de la historia del Antiguo Testamento. Ahora menciona a seis nombres que cubren el intervalo entre el establecimiento del pueblo en Canaán y la primera monarquía.

Estos nombres no se dan en riguroso orden cronológico, sino más bien agrupados en tres grupos en orden inversa a la que aparecen en el Antiguo Testamento: Barac antes de Gedeón, Jefté antes de Sansón, y David antes de Samuel. Al poner Samuel por último, el autor lo vincula a los “profetas”, sirviendo de vínculo entre los jueces y los profetas, siendo él mismo el primer de la sucesión profética de la monarquía de Israel.

Ciertamente el autor hace referencia a 1 Sm 12.11: “entonces el Señor envió a Yerubaal, Barac, Jefté y Samuel, y os libró a vosotros del poder de los enemigos que os rodeaban, para que vivierais seguros” (Yerubaal es otro nombre para Gedeón).

En los vv.33-34 hay nueve declaraciones, agrupadas en tres grupos, que describen las realizaciones de fe de estos hermanos. El primer grupo marca las realizaciones hechas en base a la fe (la conquista de reinos, el establecimiento de la justicia y las promesas heredadas). El segundo marca la preservación de la vida y la liberación constantemente recibida de Dios como resultado de la fe (cerrar bocas de leones, extinguir la violencia del fuego y escapar ilesos de la espada). El tercer grupo marca el ejercicio de la fe que nos hace crecer y nos edifica (sacar fuerzas de la debilidad, valientes en la batalla y la victoria sobre los enemigos).

Al contemplar la historia del Antiguo Testamento, el autor de Hebreos, y cada uno de nosotros, vemos en las proezas realizadas la mano y la bendición de Dios sobre la vida de su pueblo. La fe siempre tuvo un lugar de importancia en la relación con Dios. Aprendemos de la fe de los hermanos del pasado y la podemos vivir dentro de nuestras propias realidades, luchas y desafíos diarios, con la misma intensidad y funcionalidad que siempre tuvo en la historia bíblica.