Una fe para todos

Por la fe la prostituta Rajab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías Hebreos 11.31

En el verso anterior el autor de Hebreos nos habla de la fe del pueblo de Dios cuando marcharon siete días alrededor de Jericó hasta que sus murallas fueron derrumbadas por el poder de Dios. En esa misma ciudad vivía un pueblo desobediente, puesto que habían oído hablar de las proezas de Dios a favor de su pueblo desde su salida de Egipto, pero sucumbieron en su incredulidad y desobediencia. Una mujer de ese pueblo desobediente de Jericó, ciertamente inspirada por los relatos del poder de Dios para con su pueblo, por la fe recibió en paz a los espías de Israel.

Una mujer de fe en medio a un pueblo entero de personas desobedientes e incrédulas de Dios. Aunque esta mujer, Rajab, fuera una prostituta y, por tanto, socialmente marginada, al oír las hazañas de Dios a favor de su pueblo, recibió la verdadera fe y pasó a vivir en conformidad con ello. Ejerce la fe y demuestra la transformación que la presencia de Dios produjo en su vida al acoger, proteger y ayudar a los espías de Israel y, luego, ser recibida con su familia como parte del pueblo de Dios en la tierra (Josué 6.22-25).

La experiencia de fe de Rajab asume una dimensión muy significativa en esta “galería de la fe” de Hebreos 11, puesto que se trata de una prostituta pagana que no era parte del pueblo de Dios, o sea, no tenía en sí misma nada que le hiciera “digna” de la fe. Pero Dios le alcanzó con su gracia y eso fue el punto de partida para su nueva y significativa vida de compromiso con Dios y con su pueblo. Su experiencia nos enseña que la fe no se restringe a una nacionalidad, ni a una clase socioeconómica, ni a un grupo de personas que demuestran un cierto nivel moral aceptable. La fe no está limitada por las fronteras humanas, ni por los conceptos religiosos, ni mucho menos por el discurso y por la imagen que uno asume. Más bien, la fe es la obra regenerativa que produce Dios en el corazón del ser humano, que le transforma día a día, le acerca a nuevos conceptos y a una forma de vida comprometida con la gracia de Dios.