La fe en la família

Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro Hebreos 11.20

Es interesante notar que la fe de Isaac se manifiesta por la bendición que dio a sus hijos, sin mencionarse el hecho del engaño a que fue sometido que resultó en que la bendición que le había destinado a Esaú llegara a Jacob. Eso nos muestra que Isaac aprendió a ver la mano y las señales de Dios en todos los aspectos de su vida, incluso en los que humanamente no le parecieran justos.

La bendición de Isaac, por la que se manifiesta genuinamente su fe, fue concedida a Jacob y a Esaú, en ese orden y no en el orden de sus nacimientos, puesto que aunque fueran gemelos, Esaú nació primero. Eso significó que la bendición recibida por Jacob lo puso directamente en la línea sucesoria de la promesa de Dios. Y, aunque esa inversión haya sido causada por el engaño de su esposa, Isaac reconoce ser esta la voluntad de Dios, manifestando por tanto una fe muy grande y especial. Por su fe pudo reconocer la mano de Dios y sus caminos eternos en medio a los engaños y pecados humanos. Isaac ya había aprendido, por su propia experiencia cuando niño, que Dios está siempre con el mando de la historia.

En ese sentido, es muy importante notar que, por primera vez en el capítulo, el registro de que la fe se pasa de padres a hijos. Por la fe Isaac bendijo a sus dos hijos. La fe es también una experiencia que se vive en familia, que se nutre en el seno familiar, que se enseña repetida e insistentemente de padres a hijos. Por tanto, tenemos que tener claro que la familia cristiana es una familia que aprende la fe y la vive en cada circunstancia de la vida, reconociendo siempre en “lo que les espera en el futuro” que la mano bondadosa de Dios y sus caminos eternos estarán presentes.