Fe y persecución

Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas Hebreos 11.36-38

El texto sigue el mismo tono conclusivo que empezó en el verso 32. Por eso, el autor ya no necesita mencionar que todas las pruebas, persecuciones y dificultades mencionadas estén relacionadas con la fe. Es importante decir que la fe no produce, por si misma, estas dificultades y persecuciones; más bien, tales situaciones ocurren por las manos de los que no tienen una verdadera fe.

Vemos aquí, por tanto, que vivir una vida de fe y dedicación a Dios no significa que estaremos libres de persecuciones y problemas causados por aquellos que rechazan la fe en sus propias vidas. El propio Jesucristo nos advirtió que “en este mundo tendréis aflicciones, pero ¡tened ánimo! Yo he vencido al mundo” (Jn 16.33). Si persiguieron al propio Cristo, el hijo de Dios, incluso con una muerte cruel, no podemos pensar que no nos perseguirán a nosotros que seguimos sus pasos, sus valores y su palabra.

Las diversas aflicciones mencionadas en el texto (de burlas a muertes violentas, de necesidades materiales y físicas a la soledad y el aislamiento de las cuevas) no son fruto de nuestras decisiones equivocadas, ni mucho menos de nuestros compromisos con el pecado y con la injusticia. Todo por el contrario, son sufrimientos que caracterizan a los que siguen a Cristo con genuina fe. “Y a vosotros, ¿quién os va a hacer daño si os esforzáis por hacer el bien? ¡Dichosos si sufrís por causa de la justicia!” (1Pe 3.13-14)

La conclusión del autor es que “el mundo no merecía gente así”. Los que asumen verdaderamente su fe, por más normales que sean como seres humanos, se identifican con los valores del reino de Dios, valores y principios inversos a los patrones pecaminosos del mundo. Por eso se destacan del mundo y ya solo son dignos de Dios. De hecho, la fe en Dios no es garantía de comodidad ni de aceptación en este mundo. Pero lleva consigo, eso sí, el galardón y la recompensa de disfrutar, desde ahora, de la eternidad y sus beneficios. ¿Deseamos esa clase de fe?