Fe y libertad

Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales Hebreos 11.22

Hay dos aspectos de la fe de José que se complementan perfectamente: su expectativa por la liberación de su pueblo y que debían hacer con sus restos mortales cuando el pueblo dejara a Egipto. Tuvo suficiente fe como para creer que sus descendientes un día dejarían Egipto y que, cuando pasara, deberían llevar sus huesos para ser enterrados en la tierra prometida. Su actitud interior y personal de fe fue exteriormente expresada por sus instrucciones. Al final de su vida mostró la misma firmeza de fe en el cumplimiento de las promesas de Dios que le siguió cada día.

“José les dijo a sus hermanos: yo estoy a punto de morir, pero sin duda Dios vendrá a ayudaros, y os llevará de este país a la tierra que prometió a Abraham, Isaac y Jacob… Cuando esto ocurra, vosotros deberéis llevaros de aquí mis huesos”. Tenía una actitud coherente con su fe: ya que ciertamente Dios sacaría de Egipto a su pueblo, sus huesos tampoco deberían quedarse. Y sabemos que así fue (Js 24.32).

Aprendemos con la fe de José que nuestras esperanzas, puestas en Dios, se evidencian por actitudes que le son compatibles. Por la fe, por tanto, nuestras actitudes y decisiones pasan por cambios profundos, aunque progresivamente. Cuando, al ejemplo de José, aguardamos la victoria final de Dios, afrontamos y vivimos la vida cotidiana con el valor que recibimos de Cristo por la fe, buscando siempre acoplarnos a su palabra y a su voluntad, puesto que tenemos como cierto que triunfará en nuestra vida la plena liberación de Dios.