Fe y deseo de seguir a Cristo

Por la fe Moisés ya adulto… prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado” Hebreos 11.24-25

Tras haber sido educado en la fe por sus padres hasta los 6 años de edad, Moisés ya adulto tuvo las condiciones necesarias derivadas de esa fe de tomar una acertada decisión. Prefirió identificarse con su pueblo, entonces viviendo como esclavo en Egipto, que seguir disfrutando de una vida tranquila en el palacio.

¿Qué preferiríamos, vivir como príncipes o como esclavos? Los principios de la fe le hicieron tomar la dirección contraria a la que tomaríamos la mayoría de la gente. Llegó a entender que “vivir como príncipe en el palacio del rey más poderoso y rico de su época” en verdad no sería más que “efímeros placeres del pecado”. Entendió, también, que “vivir y trabajar como esclavo perdiendo así todo su prestigio social y económico” era identificarse con el “pueblo de Dios” aunque por ello llegara a sufrir maltratos.

Dos perspectivas antagónicas. Dos formas de leer y encarar el mundo y su propia situación personal: la del pecado y la del reino de Dios. La fe nos da lo oportunidad de comprender las dos alternativas y de seguir la voluntad de Dios conscientemente, sabiendo que será un camino que va en contra del sistema ya establecido por el pecado humano. Pero sin la fe solo nos queda seguir el camino señalado por el pecado, no nos queda ninguna otra alternativa.

El verbo “preferir” usado en el texto nos ayuda a entender que la fe nos conduce a pensar detenidamente sobre la forma como vivimos y reaccionamos en cada situación, y nos hace comprender las alternativas del sistema pecaminoso establecido y de la nueva vida en el reino de Dios. “Preferir” es un profundo deseo que brota de la fe y nos lleva a decidir siempre por los caminos de Cristo.