Fe y creencia

En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan Hebreos 11.6

Al meditar en el verso anterior (Hb 11.5) vimos en la experiencia de Enoc que el núcleo de la verdadera fe es agradar a Dios. Ahora el autor del texto sigue tratando del mismo tema, la fe que agrada a Dios, ampliando un poco más su concepto. Según él, para crecer en la fe tenemos que tener claro que sin la realidad de la fe es imposible agradar a Dios. En otras palabras, eso significa que Dios se agrada de un corazón verdaderamente creyente y que responde positivamente a su palabra y a su voluntad.

Esta afirmación inicial del verso viene acompañada por una razón muy fuerte: solo con la fe agradamos a Dios porque para que uno se acerque a él tiene que creer en su existencia y creer que será recompensado en el día final. La fe que agrada a Dios, por tanto, es la que cree hoy y la que, a la vez, confía en su acción final y eterna a nuestro favor.

El que se acerca a Dios cree que él existe y que le recompensará. El acercarse y el buscar a Dios componen una sola actitud de fe, puesto que esta búsqueda y acercamiento se hace desde la plataforma sincera de la fe. En ese sentido, la fe y la creencia forman la base de nuestro acercamiento a Dios y nos hacen buscar a Dios con sinceridad y ser encontrados redentoramente por él. Se trata, en definitivo, del proceso de la gracia de Dios que se manifiesta a los seres humanos produciendo en nosotros la genuina fe salvadora. Creer, por tanto, es una de las experiencias más profundas e importantes de la vida humana.