Fe y celebración

Por la fe Moisés, ya adulto… celebró la Pascua y el rociamiento de sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel Hebreos 11.24, 28

La vida de fe de Moisés nos instruye y nos sirve de ánimo para que también nosotros mantengamos una fe viva y dinámica, verdaderamente fundamentada en Dios y no en nuestra sabiduría y fuerza humana. En la parte final del texto que nos presenta la fe de Moisés, vemos que por la fe él celebró la Pascua. Fe y celebración son elementos que siempre andan dados de manos. O, quizás, podamos hablar de la celebración de la fe, de una liturgia que manifieste la fe viva que recibimos de Cristo.

La Pascua fue una celebración en la que Israel sacrifica a corderos y con su sangre rociada sobre los umbrales de las puertas preservaron la vida de sus hijos primogénitos, cuando de la salida definitiva de la esclavitud en Egipto. Una celebración que les anunciaba que el Padre no preservaría la vida de su Hijo unigénito (Jesucristo), sino que el propio Hijo la daría voluntariamente como forma de rescate por cada uno de nosotros. En esa dadiva de vida, que es salvadora, reside la esencia de la fe cristiana.

De la misma forma como Moisés celebró la Pascua con sus hermanos y con su pueblo, nosotros, por la misma fe, podemos celebrar la vida eterna conquistada por Cristo y recibida gratuitamente de sus manos. ¡Tenemos qué celebrar! La celebración de la fe es parte del culto comunitario y público que rendimos a Dios como iglesia, es parte también de toda nuestra vida común y diaria, donde honramos y celebramos el hecho de que tenemos la vida eterna por la forma como vivimos, nos comportamos y por los acuerdos que mantenemos.

¡Celebremos la fe!