Fe sin temor

Moisés, ya adulto… por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible Hebreos 11.24, 27

Un paso más en la manifestación de la fe en su vida fue que, tras renunciar a los beneficios de ser considerado el hijo de la hija de Faraón, de preferir identificarse con los sufrimientos del pueblo de Dios y de considerar como superior el oprobio por causa de Cristo que los tesoros de Egipto, Moisés sale de Egipto siguiendo la voluntad de Dios para su vida.

No se trató de una salida pacífica; todo por el contrario, sabemos por el Antiguo Testamento que la salida de Moisés y de todo su pueblo, bajo su liderazgo, se pasó bajo las presiones y persecuciones de Faraón. En Ex 5-14 encontramos la narrativa de esta salida, incluyendo las diez plagas contra Egipto. Aunque el texto del Éxodo sea muy rico en detalles, culminando con la tremenda liberación y la victoria que Moisés y su pueblo recibieron de Dios (Ex 15), el autor de Hebreos lo resume todo en pocas y significativas palabras: salió con su pueblo sin temer la ira de Faraón porque veía al Dios Invisible que le guiaba los pasos.

La fe de Moisés se fundamentaba en la presencia actuante y redentora de Dios aunque no lo pudiera ver físicamente. Se trataba de una fe lo suficientemente madura como para no se despistar con los aparatos militares y religiosos con que le amenazaba Faraón. Una fe que sabía muy bien adonde dirigir su mirada y en quien, verdaderamente, uno puede y debe confiar. Toda la tensión y la larga espera por la liberación de su pueblo estaban bajo los ojos y el cuidado de Dios, por eso pudo salir sin temor de Egipto.

Por la fe cada uno de nosotros también podemos entregarnos confiadamente a Cristo, no solo en los momentos de tensión y problemas, sino que de forma completa y permanente. Experimentamos, así, en cada momento de la vida, la profundidad y la extensión de una fe fundida en nosotros por la gracia de Jesucristo.