Un ambiente de igualdad

Sin embargo, no se encontró entre ellos la ayuda adecuada para el hombre Génesis 2.20

Como seres humanos no fuimos creados por Dios como superiores o inferiores a los demás. La igualdad entre los seres humanos es parte de la obra de creación de Dios. Pero en las diversas dimensiones de la vida social, debido al pecado con el que manchamos todo, lo que impera son las relaciones desiguales.

Posiblemente sea la familia el único espacio humano donde la igualdad pueda ser experimentada de forma sana y natural, cuando seguimos los principios de la palabra de Dios. En el texto leemos que el hombre buscaba a alguien que le fuera una ayuda adecuada y solo la encontró cuando Dios, de su costilla, crea a la mujer. La idea de "adecuada" no tiene que ver con subordinada u obediente; "adecuada" significa más bien que la mujer le "equivalía", "le miraba a los ojos", "estaba en el mismo nivel", le era "igual".

Eso tiene que ver, por tanto, con la relación de mutualidad e igualdad entre dos personas (hombre y mujer) que se complementan adecuada e igualmente. Aquí tenemos, entonces, uno de los fundamentos del matrimonio y de la familia. La igualdad en el matrimonio es un pilar básico para que se establezca una comunión creciente y dinámica en el ambiente familiar.

Fuimos creados, hombres y mujeres, a imagen de Dios. Nuestras diferencias físicas, psicológicas y otras no anula el hecho de que somos seres humanos iguales ante Dios (incluso en cuanto al pecado y a la salvación en Cristo); más bien, contribuyen para la construcción de una ambiente de igualdad y complementariedad. Nos completamos como personas, nos ayudamos mutuamente en nuestras deficiencias, construimos juntos una familia y, juntos, servimos a Cristo.

El principio bíblico es que nos completamos como matrimonio y, en la dinámica familiar, no disputamos el papel principal, tampoco la toma de decisión o quien tiene la palabra final. La vida en familia, por tanto, se construye sobre el fundamento de una verdadera y profunda comunión, considerándonos iguales ante Dios y ante nosotros mismos.