Un ambiente de comunión

No es bueno que el hombre esté solo Génesis 2.18

Uno de los fundamentos para la familia, cristiana o no, es la comunión. Creemos que Dios no nos ha creado para la soledad; más bien, somos seres familiares creados por Dios para vivir en comunidad, sociedad y familia. "No es bueno que el hombre esté solo" es una afirmación de Dios que nos lleva a pensar en la necesidad humana de formar un vínculo familiar profundo basado en un ambiente de comunión.

La comunión para la familia nos da la oportunidad de desarrollar, paso a paso y detalle a detalle, un ambiente donde la pareja (hombre y mujer) y los hijos puedan encontrar refugio, amistad, confianza y alegría. En ese sentido, la familia se convierte en fundamento tanto para el crecimiento humano, como para la edificación de una sólida fe en Jesucristo y en su palabra (la Biblia). Es en la comunión familiar donde todos encontramos el espacio adecuado para manifestar nuestros sentimientos más profundos y donde, juntos, vencemos dificultades, dudas y luchas personales. Es en la comunión familiar que aprendemos y vemos en vivo el nacer y el crecer de la fe cristiana, donde aprendemos juntos a caminar por las sendas de la palabra de Cristo.

Que el hombre y la mujer estén solos no es bueno. La ausencia de comunión verdadera (soledad) genera una clase de "anti-familia", en la que los elementos fundamentales para el crecimiento humano y cristiano están ausentes o son muy débiles. Esto, sí, puede a largo plazo comprometer las estructuras del matrimonio y de la familia y, ante esa situación, necesitamos sentirnos desafiados a buscar oportunidades concretas de comunión familiar con el propósito de que nuestras casas se transformen en verdaderos espacios de comunión para la familia. Este es un desafío que puede ser logrado cuando el hombre y la mujer (matrimonio) lo comparten y lo buscan con verdadera fe.