Más valen dos que uno

Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor; uno solo, ¿cómo va a calentarse? Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente! Eclesiastés 4.9-12

Este texto es la respuesta sabia que le da el autor al hombre solitario, sin hijos ni hermanos, y que nunca dejaba de afanarse, al que jamás le parecían demasiadas sus riquezas. Este hombre se pregunta a sí mismo: "¿Para quién trabajo tanto, y me abstengo de las cosas buenas? (Ec 4.7-8). La conclusión del sabio Salomón es demasiada precisa: "¡También esto es un absurdo, y una penosa tarea!"

El matrimonio se nos presenta en el texto, por tanto, como la respuesta divina a la clase de soledad humana que se torna viciosa y gananciosa. Se trata de una respuesta sabia al egoísmo que se manifiesta en el acumulo de bienes que no contribuyen para la felicidad humana, como a la forma de pensar y vivir (¿cultura?) en la que uno se distancia de los demás y teme compartir lo que tiene y lo que es.

"Más valen dos que uno" se convierte en un principio para toda la vida, pero especialmente aplicado al matrimonio nos hace pensar sobre nuestras prioridades y actitudes. El principio del "compartir" lo que somos y tenemos es algo sano, equilibra lo que somos como personas y que nos hace vivir la plena sabiduría de Dios y de su palabra. El matrimonio y la familia es uno de los espacios más importantes donde este principio puede tornarse en realidad.