Autoestima

Tened todos en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal Hebreos 13.4

No son palabras que a la gente le guste oír en nuestros días, ya que vivimos en una época en que tanto al matrimonio como a la fidelidad conyugal se les atribuyen un valor etéreo, pasajero, difícil de precisarse y altamente volátil.

¡Pero son palabras que nos hacen pensar! Nos llevan a pensar sobre la dignidad y la honra que le debemos conceder al matrimonio y a la familia; sobre la oportunidad que nos da Dios de vivir la experiencia matrimonial como seres humanos que buscamos andar por las sendas de su voluntad en nuestra sociedad actual; y pensar sobre el testimonio de vida y de fe que le podemos dar a otras familias por intermedio de la nuestra.

Y al pensar sobre la dignidad del matrimonio y de la familia es preciso hablar acerca de la presencia de Dios en nuestras vidas y familias. ¿Es posible un matrimonio sin Dios? Sí, lo es, porque el matrimonio nos ha sido dado para la felicidad de todo el género humano. Pero es imposible tener en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal si nos alejamos de Dios.

Esto puede sonar para muchos como algo raro y antiguo. De hecho, puede que esté pasado de moda para muchas personas que viven un verdadero infierno en su relación matrimonial o que han fundamentado su relación sobre mentiras, engaños y sobre la ausencia del diálogo y del perdón constante. Muchos matrimonios se arman sobre la "distancia de Dios" y, en estos casos, no podemos esperar que sean considerados dignos y de bendición.

Pero, cuando buscamos juntos, como matrimonios, la presencia de Dios y los principios de su santa palabra (la Biblia) aplicándolos a nuestra vida familiar, ciertamente el matrimonio empieza a cobrar su dignidad natural y pasamos a considerarlo en alta estima, poniendo ambos de sí mismos cada día. Es la búsqueda de la persona de Dios, sincera y comprometida, lo que nos conduce a una vida familiar digna. ¡Busquemos siempre a Dios como matrimonios y familias!