Permanecer con Cristo

En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra. De este modo sabemos que estamos unidos a él: el que afirma que permanece en él, debe vivir como él vivió. 1 Jn 2.5-6

Decir que conocemos a Dios y no obedecemos sus mandamientos nos convierte en mentirosos (2.4). En cambio, conocer a Dios y estar unido a él es fruto de la manifestación del amor de Dios en la vida humana. El verdadero conocimiento de Dios y relación con él se basa en su amor por nosotros y él lo que hizo a nuestro favor por amarnos. El amor de Dios se manifestó a través del sacrificio de Jesucristo y nos acerca a él. En eso está la esencia de la salvación y de la vida eterna.

Pero la salvación, la vida eterna y la manifestación del amor de Dios hacia nosotros nos demandan una nueva vida. Disfrutar de la salvación y el amor exige de nosotros unos compromisos muy concretos: obedecer a su palabra y vivir como él vivió. De hecho, son una sola realidad. El mensaje del apóstol Juan es que no hemos sido alcanzados por el amor y la gracia de Dios para seguir viviendo como nos dé la gana, sino que para reproducir en nuestra propia vida los valores y los principios vividos y enseñados por Cristo.

Eso es, en esencia, la razón del nacimiento de Jesús. Vino para que tengamos vida eterna y para que la vivamos desde ahora. Por eso, es muy importante renovar nuestra vida ante Dios, confesando nuestro pecado de alejamiento de él y consagrándonos a una vida de obediencia de su palabra, la Biblia.

Acordémonos siempre de la verdadera razón de porque Cristo vino al mundo. ¡Dios nos bendiga!