La realidad Humana del Pecado

Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad 1 Jn 1.8

Como hemos visto en el v. 5, Juan nos presenta un importante enunciado teológico que fundamenta la vida cristiana: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. Vimos, igual, una primera implicación de este fundamento para la vida cristiana diaria de cada uno (v. 6-7).

Ahora me gustaría comentar una segunda implicación para nosotros, como la encontramos en el v.8: el pecado es una realidad en la vida humana. Hoy día, hablar de pecado está pasado de moda, pero vivir la fe cristiana se basa en que el Espíritu Santo nos convence del pecado, de la justicia y del juicio (Jn 16.8-11). Reconocer nuestra naturaleza pecaminosa es la puerta abierta para recibir el perdón, es reconocer que fracasamos ante Dios y carecemos completamente de su gracia. Reconocer nuestro pecado es reconocer que dependemos de Dios y que vivimos bajo los efectos regeneradores del sacrificio de Jesús.

Pero, como dice Juan, si no reconocemos el pecado en nuestra propia naturaleza estamos alejados de la verdad de Dios y vivimos bajo un autoengaño. Ahí si la vida cristiana pierde su significado y valor: pasamos a vivir una especie de ilusión cristiana, creyendo que nuestros deseos son los de Dios y que nuestras verdades son las de Dios.

Por ser Dios la verdadera luz no podemos nos alejar de él, antes es preciso que reconozcamos y confesemos nuestro pecado para recibir su gracia y perdón. Os quiero invitar, por tanto, a que repasemos nuestra vida ante la Palabra de Dios, a cada día, y confesemos a Dios quienes somos. Esta es la base para se vivir la fe cristiana.

¡Que Dios nos bendiga a todos!