La Esperanza y el Perdón

Todo el que tiene esta esperanza en Cristo, se purifica a sí mismo, así como él es puro. 1 Jn 3.3

Seguimos en el tema de la esperanza futura que recibimos como hijos amados por Dios. Vemos en este verso que la esperanza no solo se proyecta hacia el futuro, sino que también interfiere positivamente en nuestra vida hoy. En ese sentido, el apóstol señala que la esperanza que tenemos en que Cristo completará cabalmente su obra a nuestro favor (futuro) se anticipa hoy con la purificación de nuestros pecados.

Por tanto, creemos que el perdón de los pecados es como una señal anticipada de que la obra completa será hecha en su debido tiempo. Eso es muy importante porque pone la esperanza futura como un elemento fundamental para vivir la espiritualidad cristiana hoy. O sea, no esperamos algo que no se cumplirá: el perdón o la purificación de los pecados es la garantía de la vida eterna o, diciéndolo en otras palabras, el perdón de los pecados es la vida eterna vivida aquí y ahora.

De esa forma, podemos confesar a Dios nuestros pecados y mirar hacia el futuro con la seguridad de que Cristo completará su obra en el mundo y en nuestras vidas (Fp 1.6). Eso, además de traernos paz y seguridad para vivir la vida cristiana hoy, nos hace ver y relacionar con las personas de una forma distinta de la que teníamos antes. Vemos a las personas como personas que necesitan de Dios, de su amor y su gracia perdonadora. Nos relacionamos con las personas desde la perspectiva de la salvación de Cristo: con amor y misericordia. Así, la esperanza y el perdón es el meollo de la misión dada por Dios a todos sus hijos amados.