Hijos de la Justicia

Si reconocéis que Jesucristo es justo, reconoced también que todo el que practica la justicia ha nacido de él 1 Jn 2.29

Cuando hablamos de justicia casi siempre nos viene a la mente la justicia humana, sea la dimensión social, jurídica u otra de la justicia. Pero al leer el texto, debemos entender que la justicia mencionada por el apóstol Juan es la justicia de Jesucristo o de Dios. Eso significa, a principio, que se trata de la justificación promovida por Cristo para satisfacer la justicia de Dios por el pecado humano. En otras palabras, por ser el único justo ante Dios, Jesús pudo por su vida, muerte y resurrección justificarnos de nuestros pecados ante Dios. Eso significa que, mediante el sacrificio de Cristo, Dios nos acepta y nos considera justificados de nuestros pecados.

Por eso solo reconocemos que Jesús es justo cuando recibimos por su gracia los beneficios de su justicia, o sea, nuestra justificación. Y solamente así reconocemos a todos los que fueron, de igual forma, justificados por él porque practican la justicia. Practicar la justicia es una consecuencia inevitable del acto de Dios de considerarnos justificados ante él. ¿Qué significa eso? Que los que creen en Cristo y reciben su justicia no pueden vivir como si eso no afectara a sus vidas; antes, hay que vivir en conformidad con la justicia recibida. Hemos sido perdonados, debemos perdonar a los demás; hemos sido tratados con misericordia, tratemos a los demás con misericordia; hemos sido aceptados, aceptemos las personas como son.

El que ha nacido de Dios, por la gracia salvadora de Cristo, es una persona que practica en su vida, en relación a Dios, a si mismo y a los demás la misma justificación que ha recibido de Dios. De esa forma, cada uno de nosotros somos promotores de la justicia salvadora de Dios entre la humanidad. Esta es nuestra misión como personas, familias e iglesia.