El Dios que Ama Primero

“Así manifestó Dios su amor entre nosotros: en que envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados”

1 Jn 4.9-10

Comprendemos el ser de Dios y nos relacionamos con él por medio de su amor (1Jn 4.8). Esa es la base para la vida y para la misión cristiana. Por eso hay que ampliar un poco más nuestra visión del amor de Dios.

En primero lugar, nos dice el apóstol que el amor de Dios no es estático, sino que se manifiesta de forma concreta al enviar Dios a su Hijo al mundo para darnos la vida. Enviar a Jesucristo al mundo fue la manifestación más grande del ser y del amor de Dios. Pero no ha sido una manifestación simplemente para que lo podamos contemplar, sino que para que podamos vivir eternamente. Por eso afirma el apóstol que el envío de Cristo por el Padre tubo como propósito “que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados”. En otras palabras, el amor de Dios se manifiesta salvando a los seres humanos. Amor y salvación son palabras que se completan.

En segundo lugar, vemos en el texto que el amor de Dios que nos salva cobró la vida de Cristo. Por amor a nosotros ofreció como sacrificio a su único hijo. La manifestación del amor de Dios implicó en la muerte de Cristo. Puede parecer una contradicción, pero el sacrificio voluntario de Cristo expresa el amor de Dios de una forma suprema. Conocemos a Dios y experimentamos su amor cuando entendemos y vivimos la coherencia amor y entrega, entre amor y sacrificio. ¡Cuando unidas las dos cosas producen la gracia!

En tercer y último lugar, pasamos a comprender que el amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios. Él nos amó primero, él nos amó en profundidad. Nuestro amor y gratitud a Dios es nuestra respuesta a la vida, a la salvación, al sacrificio y al amor de Dios por nosotros. Por eso, conceptos como los que hemos mencionado aquí, “salvación” y “sacrificio” no solo componen el ser de Dios, sino que, en respuesta a su acción, componen también la espiritualidad y la misión de cada cristiano. Por eso debemos buscar “salvación y sacrificio” (gracia) en las relaciones familiares, en la forma como vivimos en sociedad, en la manera como nos relacionamos con nosotros mismos.

¡Que el amor de Dios inunda nuestras vidas!