Amar a los Hermanos como Cristo nos Amó

“Queridos hermanos, ya que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros”

1 Jn 4.11

Con base en la forma como Dios nos ha amado y demostrado concretamente su amor por nosotros al “nos enviar a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados” (4.10), el apóstol Juan nos exhorta a que nos amemos mutuamente. Esa directriz del apóstol nos hace pensar en algunas cosas:

Antes de todo, que el amor entre nosotros no seria posible si no fuera la forma como el propio Dios nos ha amado primero. Nos amamos y demostramos ese amor mutuamente sobre el hecho del amor concreto de Dios por todos nosotros. Amamos a los demás porque fuimos rescatados por la gracia amorosa de Dios de nuestro estatus de ausencia de amor (odio) derivado de nuestra propia naturaleza humana. Amamos porque fuimos y somos salvados por Dios. No hay otra razón fundamental por la que amamos a los hermanos.

Además, el texto nos hace pensar que el amor cristiano es una responsabilidad y misión que tenemos, puesto que el apóstol dice que “debemos amarnos”. Eso convierte el amor en algo mucho más grande que el sentimiento hacia a los demás, lo convierte en nuestra responsabilidad misionera hacia a los demás. Por tanto, hay que empeñarse en llegar hasta el otro y convivir amorosamente con todos los hermanos, puesto que así expresamos también la fe y la vida.

Por fin, al leer el texto pensamos en la mutualidad del amor: “amarnos los unos a los otros”. No solo uno debe amar a todos los demás, sino que todos debemos amarnos mutuamente con base en el amor-entrega (4.10) de Cristo. La mutualidad nos presenta la integración, la responsabilidad y el sacrificio que se supone el amor de unos a otros. Son calidades del amor de Cristo que podemos y necesitamos vivir como parte de nuestra común fe y espiritualidad, a ejemplo del amor del marido por su esposa (Ef 5.25).

Así, ante lo que nos enseña el apóstol, el amor es una realidad que debe caracterizar nuestra fe y nuestras vidas, conduciéndonos hacia a los demás como Cristo vino hasta nosotros. ¡Amémonos y demostrémoslo claramente!