Una seria advertencia

Os advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios Gálatas 5.21

Las obras de la naturaleza humana pecaminosa es parte integrante de la vida de los que no caminan en el Espíritu y, por tanto, no heredarán el reino de Dios. Se trata de una afirmación muy dura y clara del apóstol, que contiene al menos tres elementos principales.

El primer elemento es la preocupación de Pablo en reiterárselo a los hermanos una vez más. Posiblemente, por la forma como se dirige a las iglesias en Galácia, este ha sido un importante tema de conversación cuando estuvo entre ellos. Volver a repetir esta su exhortación le concede un carácter de importancia para la vida cristiana y, a la vez, demuestra la preocupación pastoral de Pablo con los hermanos gálatas.

El segundo elemento tiene que ver con el hecho de que estas obras marcan la vida de los que se pierden por estar apartados de Dios, viviendo sus propios caminos comprometidos con el pecado y con sus consecuencias eternas. Este es un tema ya mencionado por Pablo en esta carta cuando afirma que si pertenecemos a Cristo somos descendencia de Abraham y herederos de la vida eterna según su promesa (3.29). Al no coincidir la vida con la pertenencia a Cristo y su herencia eterna, se demuestra que coincide con la perdición eterna. En ese sentido, las obras de la carne (naturaleza pecaminosa) no son las responsables por la perdición eterna, sino más bien, la pone de manifiesto. Otros ejemplos de lo mismo los encontramos en Ef 5.5 y 1Co 6.9-10.

El tercer elemento del texto nos lleva al concepto de reino de Dios. Esta expresión muy común en los evangelios no tiene un uso extenso en las cartas paulinas. Sin embargo, cuando mencionado asume un lugar de especial importancia. El texto mencionado de 1Co 6.9-10 también menciona el reino de Dios en un contexto similar: los que manifiestan su compromiso de vida con el alejamiento culposo de Dios no heredarán el reino de Dios. No nos podemos engañar a ese respecto, la vida eterna o nuestra ciudadanía en el reinado de Dios (ahora y en el futuro) no está reservada a los que viven comprometidos con su propia naturaleza humana pecaminosa.