Paz

Paz Gálatas 5.22

Amor, alegría y, ahora, la paz. Tres cualidades del fruto del Espíritu Santo que tratan de describir los elementos que nos afectan interiormente en nuestra relación personal con Dios. "Paz" es una palabra que procura traducir mucho más que el sentido común que le damos hoy de un sentimiento de bienestar cuando todo nos va como lo habíamos planeado. De hecho, con esta palabra "paz" el apóstol Pablo procura presentarnos una de las caras de la obra del Espíritu Santo en nuestra vida: ¡la reconciliación con Dios!

"Paz", en ese sentido, tiene que ver con el fin de la enemistad entre el ser humano y Dios a causa de nuestro pecado y consecuente distancia culposa que establecimos entre nosotros y Dios. Se trata de poner un fin definitivo a esa distancia, estableciéndose una reconciliación eterna entre nosotros y Dios por medio de la obra redentora de Jesucristo. Sin esa paz-reconciliación jamás podríamos hablar de la verdadera y profunda salvación que recibimos de Cristo.

Ser alcanzados por la paz-reconciliación del Espíritu Santo afecta positivamente a nuestras vidas como personas y a nuestro entorno. El concepto de reconciliación se amplía y se extiende tanto a los niveles más profundos de nuestro ser, como en nuestras relaciones humanas y sociales. Obviamente, esa paz, aliada al amor y a alegría (ya mencionados por el apóstol) cambia nuestros conceptos, presuposiciones y prejuicios que acumulamos a lo largo de una vida formada desde la distancia y la enemistad con Dios.

Amor, alegría y paz: elementos del fruto y de la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas personales que reflejan la salvación eterna implantada en nosotros. Fruto que nos cambia, que nos santifica, que nos libera de la enemistad con Dios y con nosotros mismos.