Las relaciones humanas

...odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia Gálatas 5.20-21

Ocho palabras con las que el apóstol procura describir resumidamente los pecados a nivel social y de las relaciones humanas. Los introduce con el "odio" y se deja llevar de un lado a otro intentando hacernos ver las dimensiones que puede asumir nuestro pecado en las relaciones sociales, familiares, profesionales y humanas.

Las cuatro primeras palabras (odio, discordia, celos y arrebatos de ira) tienen sus raíces en nuestros sentimientos y actitudes mentales que, unidas a la última palabra (envidia), forman los elementos esenciales que corrompen desde dentro las relaciones humanas, familiares y comunitarias; son, en otras palabras, el germen de casi todos los problemas que enfrentamos en nuestras relaciones. Las otras tres palabras (rivalidades, disensiones y sectarismos) describen las hostilidades que establecemos con otros debido a los sentimientos y actitudes mentales que mantenemos. Nos apartamos de las personas, nos peleamos y nos dividimos al aferrarnos en nuestras opiniones confrontantes. Lo que nos parece que Pablo nos presenta es un completo caos en las relaciones humanas como consecuencia directa de nuestra propia naturaleza pecaminosa.

Vale preguntarnos sobre qué clase de familias y de comunidades (¡iglesias!) estamos formando cuando lo hacemos en base a estos sentimientos y actitudes. El problema es que tales sentimientos y actitudes nos son plenamente naturales. Nos salen por medio de nuestras palabras, expresiones y decisiones. Los justificamos, nutrimos y planeamos en nuestras mentes. Y en base a eso construimos nuestras relaciones con los demás. Por varias de sus cartas el apóstol nos alerta de las consecuencias de estos pecados sobretodo en las relaciones entre los cristianos (2Co 12.20; Ef 4.31; 2Tm 3.1-5) y insistentemente nos exhorta a que busquemos en Cristo una profunda transformación en nuestras relaciones (Ef 4.25-5-2) como lo vamos a ver así que entremos, en la secuencia del texto, en el fruto del Espíritu.