La verdadera libertad

Así que os digo: Vivid por el Espíritu, y no seguiréis los deseos de la naturaleza pecaminosa Gálatas 5.16

Emparemos a estudiar un poco sobre el "fruto del Espíritu", con el sincero deseo de comprender mejor la vida cristiana y poder vivirla con más profundidad. Pero para hablar sobre el fruto del Espíritu y comprender sus cualidades, tal como lo tenemos presentado en los versos 22-23, es importante empezar un poco antes echando un vistazo en lo que nos dice el apóstol Pablo en los versículos anteriores. Así siendo, trataremos de estudiar todo el texto Gl 5.16-29.

Este texto viene luego después de que hablara Pablo sobre la tan deseada y buscada libertad cristiana: "Cristo nos libertó para que vivamos en libertad" (5.1). La libertad cristiana a que se refería Pablo tenía que ver directamente con el hecho de que los gálatas no se rindieran a las enseñanzas de los judaizantes, que querían que los gentiles cumplieran los ritos del judaísmo para luego convertirse en cristianos (5.2-4). Según el apóstol, la verdadera libertad la recibimos por la obra de Cristo (5.5-6). Sin embargo, esa libertad dada por Cristo y a la que fuimos llamados, no nos permite dar riendas sueltas a nuestras pasiones pecaminosas (5.13-15).

Con eso en mente ya podemos leer 5.16 (nuestro texto de hoy), donde se concluye que encontramos la verdadera libertad cristiana en vivir por el Espíritu y no por las pasiones pecaminosas. Cuando dice el apóstol que debemos vivir por el Espíritu no se refiere al espíritu humano, sino más bien al Espíritu Santo de Dios. Hay dos espíritus mencionados en el verso: el Espíritu Santo de Dios, por el que debemos vivir para disfrutar de la verdadera libertad, y el espíritu humano al que se le llama aquí de "naturaleza humana" o de "carne" en otras traducciones, como referencia a nuestro pecado de vivir alejados de Dios.

La verdadera libertad cristiana, por tanto, tiene que ver con nuestro acercamiento comprometido a Dios por medio de su Espíritu que en nosotros habita, como respuesta a su vida implantada por la gracia de Cristo en nosotros. Vivir de forma comprometida y cercana a Dios y no seguir sumergidos en la distancia creada y mantenida entre nosotros y Dios: ahí está la clave para la libertad cristiana y para el fruto del Espíritu.