La sexualidad

La sexualidad Gálatas 5.19

Las tres primeras expresiones de nuestra naturaleza pecaminosa tienen que ver con la sexualidad. ¿Por qué, cuando se habla de pecado, el tema de la sexualidad casi siempre encabeza la lista? Pablo empieza la lista con tres distorsiones cuanto a la forma como las personas comprenden y actúan en cuanto a la sexualidad posiblemente por su predominancia en sus días. Al igual que hoy, la manera como las personas trataba la sexualidad en la época del apóstol, estaba muy comprometida con conceptos equivocados acerca del sexo.

"Inmoralidad sexual", "impureza" y "libertinaje" solo son tres palabras con las que el apóstol procura resumir el énfasis puesto en el descontrol de los deseos sexuales y, en consecuencia, de las formas, muchas ofensivas y anormales, como las personas manifiestan su sexualidad. Son palabras suficientemente fuertes como para mostrarnos que todas las distorsiones sexuales deben ser consideradas como pecado, aun cuando practicadas en nombre del amor, del placer, de la individualidad de la opción personal, entre personas casadas o solteras, de forma pública o privada, natural o anormal.

Dios nos ha creado como seres sexuales y le ha dado al sexo propósitos buenos y legítimos, como lo es la manifestación del amor verdadero y fiel entre un hombre y una mujer comprometidos en matrimonio ante Dios y la sociedad. En ese sentido, la sexualidad asume su lugar de importancia en la vida humana y debe ser visto como la voluntad de Dios. Sin embargo, las distorsiones causadas por el pecado humano ha convertido la sexualidad, de ser una experiencia bendecida, a uno de los terrenos más complicados y descontrolados para los seres humanos, algo que se puede ver claramente expresado por la media, por las tendencias sociales e, incluso, por la fragilidad que asumió el matrimonio en nuestros días.