La ley del pecado

No estáis bajo la ley… Las obras de la naturaleza pecaminosa... Gálatas 5.18-19

Hay un elemento que nos llama mucho la atención cuando tratamos de entender la extensión del pecado humano y la eficacia de la acción de Cristo en nuestra vida. Se trata de la relación entre la ley de Dios y las obras de la naturaleza humana. La primera se menciona de paso en el final del verso 18, dentro del contexto de las obras pecaminosas que se oponen al proyecto divino de vida eterna.

La ley de Dios es uno de los temas que encontramos en la carta, puesto que Pablo se dedica a defender su apostolicidad contra las acusaciones y enseñanzas de los judaizantes que enseñaban que los gentiles deberían convertirse primero al judaísmo, cumplir la ley y sus rituales, para entonces estar aptos a llegar a ser cristianos. El apóstol, por eso, se dedica a mostrarnos que la ley de Dios tiene el importante papel de enseñarnos que, por nosotros mismos, somos incapaces de producir nuestra propia salvación. Pablo lo explica muy bien cuando dice que el propósito de ley fue "por causa de las transgresiones" (3.19). No tiene la capacidad de dar vida (3.21) ya que "todo el mundo es prisionero del pecado" (3.22).En s sentido "la ley vino a ser nuestro guía encargados de conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe" (3.23-25).

Volviendo al texto de 5.18-19 concluimos que la ley de Dios no nos conduce a pecar ni patrocina el pecado en nosotros; más bien, la ley pone en relieve el hecho de que somos pecadores por naturaleza. No necesitamos de la ley para pecar, la necesitamos para tener una clara conciencia de que somos transgresores e incapaces de cambiar ese status ante Dios.

Como dice Pablo, si ya no estamos más bajo la ley es porque hemos sido alcanzados definitivamente por la gracia redentora de Jesucristo, que nos llega por la fe, y así las obras de la naturaleza humana pecadora ya no deben más ejercer su dominio y control sobre nosotros: "vivimos por el Espíritu y ya no seguimos los deseos de la naturaleza pecaminosa" (5.16).

La ley ha cumplido fielmente con su propósito, el de llevarnos a saber que somos pecadores y carecemos totalmente de Cristo como nuestro redentor.