Guiados por el espíritu

Pero si os guía el Espíritu, no estáis bajo la ley Gálatas 5.18

Cuando tratamos de comparar las distinciones entre la naturaleza humana pecaminosa (la "carne") y el Espíritu Santo, conforme el versículo 17, notamos que ambas desean cosas contrarias y se oponen entre sí. Al entrar en el verso 18 vemos que el apóstol concluye esa comparación presentándonos la opción correcta: la guía del Espíritu antes que la esclavitud del pecado humano.

Estar bajo la guía del Espíritu Santo supone, en primer lugar, que somos conducidos por el Espíritu. Eso no significa que nos tornamos un muñeco sin vida que el Espíritu tiene que manejar nuestros brazos y piernas o girarnos la cabeza para que podamos mirar a otro lado, ni tampoco poner diálogos en nuestros labios mudos. Ser guiados por el Espíritu es una interacción dinámica entre nosotros y Dios, donde nos abrimos para que la voluntad de Dios se concrete poco a poco en nuestras vidas a medida en que nos adentramos en las profundidades de su santa palabra.

Pero, además, el ser guiados por el Espíritu de Dios, conforme las palabras de Pablo, significa no estar bajo la ley. Una de las principales funciones de la ley de Dios es llevarnos a comprender, definitivamente, la imposibilidad humana de cumplir con todos sus preceptos requeridos para nuestra salvación. O sea, la ley de Dios nos pon en relieve que por nosotros mismos no podemos jamás llevar a la salvación y, en consecuencia, condenados y perdidos. En ese sentido, la ley siempre nos apunta para la obra redentora de Cristo. Pero si nos mantenemos bajo esa ley es porque no fuimos alcanzados por la salvación de Cristo.

Dice Pablo, en cuanto a esto, que si somos guiados por el Espíritu es que ya no estamos más bajo la condena de la ley; más bien, disfrutamos ya, ahora, de los beneficios presentes y eternos de la salvación de Cristo. En ese sentido, aunque vivamos todavía en compañía del pecado en nuestra naturaleza humana, ya no estamos más bajo su completa influencia y control. Ahora, el Espíritu Santo nos guía por medio de la palabra de Cristo (la Biblia) y nuestra vida asume, poco a poco y a diario, los contornos de la santidad y voluntad de Dios.