Dominio propio

Dominio propio Gálatas 5.23

Nos deparamos con el último elemento que compone el fruto del Espíritu Santo en este texto. Se trata del "dominio propio", una palabra que en su sentido bíblico se refiere al control o dominio que uno ejerce sobre uno mismo o sobre alguna cosa. Tiene que ver con "poder" o con "señorío".

Esta palabra es más usada por el apóstol Pablo que por otros escritores del Nuevo Testamento. Como ejemplo, la menciona en la comparación que hace entre un atleta y los cristianos. Ambos se dedican con mucha "disciplina" (dominio sobre sí mismo), puesto que desean alcanzar el premio final que para los atletas es un premio que se pierde, mientras que para los cristianos un premio eterno. (1 Co 9.25).

Ya en lo que se refiere al fruto del Espíritu Santo, el dominio propio se ve vinculado a todos los demás elementos que componen juntos ese fruto. Posiblemente, por ser el último a ser mencionado en la lista, se le deba ver en combinación con el primero que fue mencionado, el amor. Ambos abren y cierran la lista y le dan al fruto del Espíritu un sentido de unidad interna: se trata de un fruto producido e implantado por la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas que determina el nuevo camino que pasamos a seguir y la forma como nos relacionamos con Dios y con los demás (en oposición a las obras de la naturaleza humana pecaminosa).

En ese sentido, el dominio propio es la capacidad que recibimos de Dios que nos lleva a controlar conscientemente nuestros impulsos naturales en beneficio de un objetivo más elevado: podemos por la gracia de Cristo y por la obra del Espíritu en nosotros ejercer dominio personal sobre un derecho natural que tenemos, aunque sea por un determinado tiempo, en pro del bienestar y del crecimiento espiritual de nuestra comunidad o familia de fe. Actuar de esa forma exige de uno disciplina y control (poder e dominio) sobre nuestros impulsos y derechos naturales supuestamente ofendidos (algo que solo lo recibimos por la gracia), para que a lo largo del camino la iglesia crezca en unidad, conocimiento y vivencia de la palabra de Dios y en su misión evangelizadora.