Amor

Amor Gálatas 5.22

Como ya lo hemos mencionado las tres primeras cualidades del fruto del Espíritu (amor, alegría y paz) tratan de describir los elementos que nos afectan interiormente en cuanto a personas en nuestra relación personal con Dios.

La primera cualidad mencionada por Pablo que compone el fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas es el amor. La clase de amor a que se refiere el apóstol se distingue del amor carnal de los seres humanos, que se manifiesta y se cambia según nuestros sentimientos e intereses. Se trata, más bien, del amor de Dios aplicado en nosotros que cambia, fundamentalmente, la forma como nos vemos y como nos relacionamos con Dios, para entonces cambiar la forma como nos relacionamos con los demás.

El apóstol Juan nos enseña de forma más amplia esa clase de amor en 1 Jn 3.16-18. El amor de Cristo se concretó en dar su vida a nuestro favor y en nuestro lugar; ahora, nosotros que recibimos ese amor, entregamos también nuestras vidas por los demás al comprometernos con su bienestar social y espiritual. Si el amor meramente humano es de palabras y de labios para afuera (según nuestros sentimientos e intereses), por otro lado, el amor de Dios en nosotros se traduce por hechos y por la verdad.

El poder recibir de Dios su amor, por medio de Jesucristo, y poder disfrutar de sus beneficios en nuestro ser es una de las experiencias más gratificantes de la vida cristiana. El amor que pasamos a tener y a vivir cambia la forma como nos vemos y moldea nuestra gratitud a Dios, le da un sentido nuevo y renovado a nuestras vidas. Por eso se trata de una obra del Espíritu Santo, por ser una cualidad que la recibimos únicamente por la gracia de Cristo, como fruto de su obra redentora. En ese sentido, el amor a que se refiere Pablo define en mucho nuestra espiritualidad y nuestro camino como cristianos.